Existe una insoportable asociación entre conceptos tan dispares como representativos; entre la plástica y la intencionalidad, entre lo aparente y lo real. La forma azarosa y final de marcar una línea no deja de determinar una parte íntima: la forma en que nos vemos reflejados es más vehemente de lo que parece oscilar.
La elección anímica de un trazo, ya sea gráfico o vital (o las dos cosas juntas) está envuelta por una necesidad estomacal de supervivencia, por la búsqueda de una definición personal. Podría ser el narcisismo el principio activo de cualquier acto, pero ¿en qué medida respondemos legítimamente a ello?. Encuentro infinitas discrepancias entre los verbos "ser" y "parecer", no sabría determinar científicamente los porcentajes químicos en nuestra personalidad no dañados por la intención, libres de la crítica externa. Más allá de la indeterminación entre lo que "somos" y lo que "parecemos ser" confío, de alguna forma, en la permanente proyección de la autenticidad: plástica o espiritual, que lo mismo "es" o paradojicamente "parece ser".
dibujo,