CUANDO ESPERANDO ESTÁ LA SEPULTURA
SONETO
Cuando esperando está la sepultura
por semilla mi cuerpo fatigado,
doy mi sudor al reluciente arado
y sigo la robusta agricultura.
por semilla mi cuerpo fatigado,
doy mi sudor al reluciente arado
y sigo la robusta agricultura.
Disculpa tiene, Fabio, mi locura,
si me quieres creer escarmentado:
probé la pretensión con mi cuidado,
y hallo que es la tierra menos dura.
si me quieres creer escarmentado:
probé la pretensión con mi cuidado,
y hallo que es la tierra menos dura.
Recojo en fruto lo que aquí derramo,
y derramaba allá lo que cogía:
quien se fía de Dios sirve a buen amo.
y derramaba allá lo que cogía:
quien se fía de Dios sirve a buen amo.
Más quiero depender del sol y el día,
y de la agua, aunque tarde, si la llamo,
que de l'áulica infiel astrología.
y de la agua, aunque tarde, si la llamo,
que de l'áulica infiel astrología.
Francisco de Quevedo.
Podría decirse que el tiempo es acumulativo, pero también pasajero o sustancialmente volátil.
Me gustan los hombres que son tiempo instantáneo, que no son días o décadas, que son segundos, esos que se sienten
estar antes de pensar. Antagónicamente al +Pienso, luego existo+.
Somos hombres de tiempo que se rompe a sí mismo, somos hombres de tiempo muerto o segundos caídos.
Pero también somos aquellos segundos ciertos e irrebatibles.
Somos ella en un segundo erosivo.
Vehemente es el reflejo del tiempo como sinónimo de estar vivo:
existir con el tiempo muerto o amar en segundos.
Nos alimentamos del tiempo en trigo ardiente para entender
que existimos; pero lo que estamos es ardiendo en el tiempo,
peleando por amar el escenario de la vida a tiempo.
Me gustan los hombres que son tiempo instantáneo, que no son días o décadas, que son segundos, esos que se sienten
estar antes de pensar. Antagónicamente al +Pienso, luego existo+.
Somos hombres de tiempo que se rompe a sí mismo, somos hombres de tiempo muerto o segundos caídos.
Pero también somos aquellos segundos ciertos e irrebatibles.
Somos ella en un segundo erosivo.
Vehemente es el reflejo del tiempo como sinónimo de estar vivo:
existir con el tiempo muerto o amar en segundos.
Nos alimentamos del tiempo en trigo ardiente para entender
que existimos; pero lo que estamos es ardiendo en el tiempo,
peleando por amar el escenario de la vida a tiempo.
Una proliferación incesante de artistas acabaría con el arte. Provocaría su descrédito. Algo misterioso, escurridizo, singular y casi inalcanzable por definición no es ni democrático ni políticamente correcto: no está al alcance de todos. Tampoco está al alcance de cualquiera ser un buen artesano, atento, experimentado y fino. Pero una formación manual acerca esa posibilidad y, al contrario de una lluvia de artistas, una proliferación incesante de buenos artesanos no solo no acabaría con la artesanía. Todo lo contrario: crearía un mundo mejor.
El trabajo artesano implica, por definición, la mano del hombre, el cuidado de una persona. Esa mano y esos ojos son claves para la calidad de la vida cotidiana. Los trabajos de los artesanos —sean estos obreros, herreros, carpinteros o arquitectos— no figurarán en las portadas de las revistas que buscan edificios espectaculares como fuegos de artificio. Sin embargo, conocedoras de la responsabilidad de cuidar y tratar de mejorar las tradiciones, esas obras ofrecen continuidad con la vida frente a la interrupción que exigen las burbujas.
Anatxu Zabalbeascoa para El País.
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