quiero volver subirme a un coche como de Londres a Alicante, y que una mujer me mire a los ojos diciendome HOME HOME HOME is whereever Iam with you así como se miran ellos




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Mientras los días se atropellan injustificadamente, (por no decir sin razón y acontecimientos), Manchester se decide a malgastar la transición en la que habito, un tránsito en el que no me dedico más que a respirar de una forma en la que no sabría como reflexionar. No sé si es que de eso se tratan los días; de atropellos.

Nunca volvería a Manchester sino fuese con y para contigo. Bueno, a ninguna otra ciudad volvería sin el previo aviso de la décimo novena historia, nunca volvería si no supiese que las materias, como las cabezas que descansan al sol en cualquier vientre, se atraen.

Una vez más, el insoportable valor que recae sobre el amor (por no llamarle supervivencia).

A llegado un momento, unas semanas después, en el que no sabría valorar si los acontecimientos se rigen por su propia naturaleza y de si los juicios también forman parte de ella. Me gustaría determinar la sana certidumbre de los pensamientos. En cualquiera de los casos, me entrego, azarosamente, al devenir de las cosas, siempre con la esperanza de que los accidentes ya ocurridos tuviesen un pilar al que sostenerse. Pero, desafortunadamente, parecen estar de nuevo junto al suelo, otra vez más dispuestos para el mal uso.

Y aunque el episodio de estos días no parece haber terminado, me atrevo a afirmar que también volvería a Manchester para poder sentarme de nuevo en aquel banco (esta excusa me gusta más). Tan solo volvería para poder regresar a casa y comprender que el tiempo se dispone abiertamente hacia adelante, y, aunque con los accidentes de nuevo en el suelo, saber que no malgastaría mi nostálgico aburrimiento en esa nada. Volvería para y con el tiempo, con la sana exposición de los cuerpos enfrente, peleando por permanecer en un lugar; aunque sin saber demasiado bien cual es.